jueves, 13 de octubre de 2011

Aprendijaze significativo


¡El día de la hispanidad!

Mortadelo y Filemón


Luz de Luna: Escuela de Vampiros Capítulo FINAL "La Iglesia"

Capítulo 30 – La iglesia

La noche acaecía. La última de las tormentosas noches que estaba seguro vería, una noche que quedaría clavada en su corazón. La visión de aquellos tiempos, quedó en su mente para siempre. Entre cortinas de viento, observó paisajes grisáceos y un cielo violeta cubierto por la niebla. El mundo se desmoronaba. Una silueta oscura y bella aparecía frente a él, llenándolo de esperanzas. Venía hacia él, a sacarlo de aquel tormento. Los vientos fuertes lo estremecían, lo azotaban, y le debilitaban los sentidos. Pero aquella silueta, le hizo comprender que todo terminaría, que estaba allí por él. No estaba seguro si soñaba, o tenía una pesadilla. Pero tenía la sensación de que el despertar se aprontaba. Ella, le traía su despertar. La silueta oscura.

Por un momento, se sintió calmo, y entonces, dejándose llevar por su gran cansancio, sus ojos se cerraron, y la oscuridad lo apagó todo. Se sintió tranquilo.

Fue un viaje entre tinieblas… Las visiones tormentosas se desvanecieron por unos momentos… Quería recordar… pero no veía las imágenes en su mente con claridad en aquellos momentos, perdido entre la nada oscura. Sentía que había pasado un largo tiempo. Pero… ¿Dónde estaba ella ahora?, ¿Qué había sucedido?

Un timbre resonó en el silencio. La claridad del sonido llegó a sus oídos, como un eco. A la tercera vez que volvió a sonar, lo distinguió. Era el timbre del teléfono, alguien llamaba. Abrió los ojos con dificultad, disipando la oscuridad que lo había invadido entero.

No oía otro sonido que el timbre. La vida le transcurría lentamente. Aún no estaba muy seguro de dónde se encontraba, a pesar de tener sus ojos medio abiertos. Se sentía ligero, como la niebla. Se sentía flotar. Su cuerpo estaba sin energías. Volvió a sonar el timbre sin cesar, y lentamente, abrió los ojos del todo. Y contempló una habitación, que le era conocida. El mundo que se dibujaba tras su ventana, también le parecía conocido, y el aire matutino del ambiente. Apoyó suaves sus brazos sobre la cubierta de la cama, en que estaba y que ya había reconocido. Poco a poco, a medida que el timbre del teléfono sonaba, despertaba para comprobar que había vuelto a lo normal. Se restregó los ojos, y con una ligera sensación de sueño, puso los pies sobre el suelo y se levantó. Y se dirigió hacia el teléfono. Sus sentidos comenzaron a volver del todo. Descolgó el teléfono, y a medida que lo hacía, todo se le volvía más claro.

-Diga –dijo, ya seguro de si mismo, de estar de vuelta en sí.
Tras unos segundos, una voz conocida le contestó:
-¿Frank?
-Sí, soy yo –respondió Frank. Ya había reconocido a Lisa al teléfono, y tenía un presentimiento de que ella sería quien sabría explicarle lo que ocurría.
-Frank –dijo Lisa-. Tenemos que hablar. Te estaré esperando en la avenida cerca de tu casa. Necesito que vengas. Nos vemos allí.
-Bien –respondió Frank. Se despidieron y colgó el teléfono. Se tendió unos segundos sobre su cama, y pensó. Pensó mientras miraba hacia fuera, el paisaje al alba.

Cuando el atardecer hubo caído, Frank junto a Lisa se reunieron a una esquina del centro comercial. El sol naranja se dibujaba de fondo, mientras Lisa le explicaba todo lo que había sucedido la noche anterior. Frank logró recordar todo con claridad, hasta el último detalle de aquella noche cúspide, la cual había sido decisiva para el mundo de tinieblas.

“Habías caído inconsciente a causa del cansancio” Le había dicho Lisa. Frank sólo recordaba que, tras caer desde una de las torres del castillo hacia un lago, Rebeca había aparecido. Pero luego Lisa le había dicho, que tras caer inconsciente, Rebeca se ocupó de él, y lo trasladó hacia los bosques, a un lugar seguro.
“Nosotros descendimos desde el pilar plateado. Nadie sabía con exactitud lo que ocurría, creo que eso sólo lo sabías tú y Rebeca. Pero cuando llegamos abajo, ella nos guió” Le relató Lisa. Frank entonces, pudo recordar algunas vagas imágenes, viendo a Rebeca como una luz en la oscuridad, que los guiaba, protectora, manteniéndolos a salvo de la oscuridad. Frank entonces, entre las imágenes que iban surgiendo en su mente, de aquella tormentosa noche después de que todo acabara, logró recordar una sombra grande que los perseguía, y que se alzaba tras ellos. Y que aquel recuerdo al acudir a su mente, le causaba un escalofrío. Las palabras de Lisa le hicieron recordar qué era esa sombra. Era Luciel Lumen.

“El vampiro grande y aterrador, de la armadura oscura y las horrendas alas destrozadas, caminó devastado, tras nosotros, como la muerte misma. Yo estaba aterrada. Pero de alguna forma, no se podía acercar a nosotros. Rebeca de alguna forma se lo impedía, como si un cristal imperceptible se hubiera alzado entre su camino. A Rebeca la rodeaba un halo de luz violeta”.

Frank entonces recordó esa imagen. Le pareció un recuerdo precioso. Rebeca no dejaría que Luciel le hubiera hecho algo. Pero le había quedado una duda. Le había preguntado a Lisa, que había ocurrido con Luciel Lumen, el líder centenario de la hermandad.

“Tras no poder alcanzarnos, desapareció” Le contestó Lisa. Pero parecía que simplemente había desaparecido entre la oscuridad, y eso no daba la certeza de que hubiera muerto. Aún parecía lleno de deseos de venganza. A Frank le perturbó la idea de que Luciel se encontrará vivo en algún lugar, dejando viva la amenaza. Pero también podía haberse desmoronado junto al mundo de tinieblas, y simplemente, haber dejado de existir. Frank mantenía la esperanza de que así hubiera sido, y que la noche que se acercaba, no fuese a revelar algo que no esperaban.

Luego de haber hablado con Lisa, veía con claridad lo que sucedía. El vestigio de la noche anterior había quedado. Pero tenía en consideración, después de aquel tormentoso viaje por el mundo de tinieblas, y ahora que estaba de vuelta en el cálido mundo humano, lo que ahora venía en adelante. Recordaba también que Lisa le había mencionado un lugar, y aquello tenía que ver con respecto con preocuparse de las cosas de allí en adelante.
“Por supuesto estás invitado. Se trata de una reunión, que llevaremos a cabo en la iglesia de mi abuelo. Discutiremos sobre volver a hacer lucir la ciudad como antes, y devolverle la calma a la gente. Me gustaría realmente que estuvieras allí, para que hablaras sobre lo que has vivido, y la relación que aquello ha tenido con todo lo que ha sucedido este último tiempo.” Le había dicho Lisa. Frank había recordado que el abuelo de ella era un pastor, y que luego del incendio de la anterior iglesia, Lisa había continuado asistiendo a aquella. “La Iglesia de La Restauración” La habían nombrado. Y en aquellos tiempos, era necesaria, pues el paso de los vasallos de la hermandad había dejado varios destrozos y sangre derramada de víctimas inocentes bajo la oscuridad cómplice de la noche.

“Entonces asistiré” Había respondido él, mientras el ocaso se desvanecía. Recordó aquella última mirada de Lisa, una mezcla entre esperanza, nostalgia, profunda tristeza. Una mirada dulce. Se despidió, y la oscuridad fue cayendo tras él. El cielo se apagaba. El centro comercial se alzaba a sus espaldas, y tras la sombra de Lisa. Le trajo muchos recuerdos. Recuerdos de tiempos pasados, que le eran agradables de recordar, incluso con todo lo que había sucedido. Tiempos pasados, que se perdían con el tiempo pero jamás se desvanecían. Caminó hasta perderse a lo lejos.

Tenía ya la idea de la Iglesia de La Restauración en mente. Aquello, significaría un nuevo paso adelante. Un nuevo horizonte prometedor, nuevas esperanzas, una nueva vida. A veces, le costaba imaginar todo lo que realmente le quedaba por vivir aún. Y también se daba su tiempo en comprender todo lo que ya había vivido. La noche le había guardado muchas sorpresas, y la más grande de ellas, siempre estuvo consigo; A la luz de la luna, caminando por un oscuro prado, sintió su presencia.

Sonrió, sabiendo de quién se trataba. Era inevitable, era cosa del destino. Bajo el manto oscuro de la noche, acompañada por los halos de luz violeta, apareció Rebeca. Frank se sintió hechizado al verla, y sintió dulces cosquillas en su estómago. Sintió su respirar lento. Ella llevaba puesto un vestido negro, con lentejuelas centelleantes. Sus cabellos negros también color de la noche, caían terminando en puntas, hacia el nacimiento de su cuello. Llevaba unos pendientes plateados, y un amuleto en forma de luna plateada también, caía por su pecho. Sus brazos estaban descubiertos, y en sus muñecas llevaba unos lazos oscuros, como el cual rodeaba su cuello, y sus ojos violetas, se habían vuelto más intensos a través de todo el tiempo, hasta ahora.

Ella también le correspondió con una sonrisa.
“Estás bella” le había dicho Frank. Ella siempre lo estaba. Rebeca se había ruborizado un poco, pero le agradaban las palabras de Frank. En respuesta, se acercó a él misteriosamente. Frank sintió su espalda apoyarse con el tronco de un viejo árbol deshojado, que crecía tras él. A través de las ramas delgadas se contemplaba la luna llena en su máximo estado, pura.

Entonces, Frank apoyó sus brazos sobre el tronco del árbol tras de sí, y se abalanzó hacia atrás, y se dejó sentir a Rebeca frente a él. Se besaron. Frank entonces la rodeó con sus brazos, y estuvieron junto al árbol, con la luna observándolos. Frank pudo acariciarla, tenerla consigo de una vez por todas. Ya nadie estaba para impedirles, nadie les ponía límites. No había ninguna hermandad ahora que impidiera sus lazos.

Ambos estaban allí. Sentían la suavidad de la piel rozar. Sentían sus labios juntos, su lengua, acariciando. Sus brazos caían sobre los de ella, su cintura. Rebeca lo abrazaba suavemente. Había ternura, y romance. Ambas figuras, amándose, con pasión, ensombrecidas a un lado del árbol, y la luna les recorría con su luz. Ella era una vampira, una moradora de la oscuridad, y él, un humano, de corazón cálido. Pero había un complemento. Como tras el día, venía la noche, pero ambos terminaban unidos por el mismo propósito, y jamás se alteraba aquel orden.

Tiempo después, tras su silencioso romance, Frank le había hablado de la reunión que se llevaría a cabo. Sobre la Iglesia de la Restauración. Rebeca le contestó que asistiría con él. Aquella noche habían recorrido juntos los oscuros prados, y llegaron hasta una calle ancha. Rodeada por unos árboles, a un lado de la calle, se alzaba, la Iglesia en la cual se llevaría a cabo la reunión. Un gran reloj formaba parte del frontis. Marcaba la medianoche, y la iglesia estaba a oscuras. Sólo algunas que otras luces solitarias se marcaban por entre los cristales de las ventanas.

Frank se sentó sobre la acera, y Rebeca lo acompañó a su lado. Clavando la mirada sobre el concreto, pensativo, murmuró:
-Parece que somos los primeros en llegar.
Rebeca volvió la mirada hacia la iglesia oscura. Yacía solitaria.
-¿Habrá alguna forma de entrar? –le preguntó a Frank.
-No lo sé.
-Quizás por aquí –le dijo Rebeca, y lo tomó por el brazo. Lo condujo por una esquina de la iglesia, donde apegado al muro, había un estrecho pasadizo cubierto por matorrales. Se abrieron paso, y tras ellos, había escondida una puerta trasera.

Frank miraba los cielos oscuros. Se preguntaba si había algún mal presentimiento en ellos. Si habría algo que develaría aquella noche. Rebeca pudo abrir la puerta; estaba sin llave, y a través de ella, pudieron ingresar a la iglesia.

Estuvieron dentro. Había un gran vestíbulo y los cristales de las ventanas en los muros estaban adornados con imágenes santas. La iglesia estaba helada, por la caída de temperatura de la noche. Frank continuaba mirando hacia el exterior, a través de los cristales de la ventana. Había un misterio en aquella noche, que le causaba un cierto recelo. Pero también era una noche muy especial, porque estaba feliz de sólo estar con Rebeca.

En un instante, las luces de un espacio cercano se encendieron. A través de una puerta, observaron el rastro de luz, y a través de los muros, escucharon voces cercanas. Algunas conocidas. La iglesia si estaba ocupada. A través de un pasillo, se toparon con Lisa, y que tras los correspondientes saludos, y contenta de ver a Frank nuevamente, y muy agradecida con Rebeca también, les explicó que la reunión ya comenzaría. Que poco a poco, empezaban a llegar los invitados. Lisa también les relató que había visto una sombra llevando una túnica oscura pasearse por los pasillos.

“¿Qué llevas ahí? Había preguntado Frank. Lisa llevaba una bandeja con unas copas llenas y otras cosas para picar. “Unos cócteles, para la reunión” Respondió Lisa, y entonces agregó “Vengan conmigo ahora. Demos inicio a esta reunión, los llevaré a la habitación escogida” Y abriéndose paso por los pasillos, la siguieron.

Llegaron a una habitación oscura, tras haber recorrido los alargados pasillos de la iglesia. Lisa buscó el interruptor de la luz, casi a tientas. Una figura oscura aguardaba al centro de la habitación, siendo muy difícil de percibir. Cuando la luz fue encendida, con sorpresa se reveló. Era Ismael, quien tras haber aparecido, había anunciado:
“No deseaba perderme esta reunión. Debía asistir. Es una buena ocasión para recordar tiempos pasados. Aunque he debido escabullirme de la oscuridad ante los ojos humanos. Nuestros hermanos Tenebros nos han dado una mala reputación.”

Lisa había comprobado que la sombra merodeando la iglesia había resultado ser Ismael. Se sintió aliviada. Podía ser que los vampiros de la hermandad hayan sembrado el terror, pero con él, no tenía nada de que temer.

Ismael alcanzó una de las copas que sostenía Lisa en la bandeja, y mientras la vaciaba, y extraía un pequeño contenedor donde había guardado sangre, que depositaba ahora en la copa, decía, “Siempre se debe llevar un poco, para la sed”. Y extendiéndole la copa a Rebeca, le preguntaba, “¿Gustas?”
“Gracias” Había respondido ella, y bebió. Ismael también bebió, mientras que Lisa junto a Frank bebieron de los cócteles. Ismael luego comentó que Frank y Rebeca se veían bien juntos. Todo transcurría normal. La iglesia continuaba helada, y unas voces se aproximaban. La reunión comenzaría pronto. Frank pensaría que aquella sería una tranquila noche, y que su presentimiento se había desvanecido. Habría sido así, de no ser porque en ese preciso momento, la iglesia entera se oscureció repentinamente, se remeció, y unos grandes estruendos se sintieron en el techo, en los cuales algo se desplazaba escandalosamente, y entonces, todos se alertaron…

Frank hizo una pausa en sus recuerdos sobre la noche en la iglesia. Había pasado una semana desde aquella noche, pero la recordaba como si hubiera sido hace tan sólo unos momentos. Ahora, en un paisaje bañado en naranja, sobre una gran roca en medio del paisaje, estaba sentado él junto a sus amigos. Eran tiempos tranquilos, apacibles. La oscuridad de los cielos había desaparecido, y aquellos días eran cálidos. La paz era imperturbable. Frank sobre la roca, bajo el atardecer mirando hacia el horizonte, disfrutaba cada respiro que daba y se llenaba de tranquilidad. Estaba contento y relajado. Ignacio a su lado, con los ojos cerrados, descansaba con las manos sobre la nuca, recostado en la roca. Faith a su otro lado, sentado, le decía:
-Y dinos que sucedió después…
-Sí, -agregaba Ignacio sentándose-. Siento curiosidad, ya que no estuvimos allí. Nos vimos al otro día.
Frank calmadamente, respondió:
-Aquella noche… fue inmensamente especial. Porque fue la noche que me dio la seguridad, que la sombras terminaban. Tras aquello, ella estuvo a mi lado. Y no había más límites al romance. Aquella noche en la iglesia, transcurrió así…

Entonces, se volvió a sumergir en aquellos recuerdos…

El estruendo era tal, que parecía que el tejado fuese a ceder. Algo se desplazaba en ellos, algo enorme. La iglesia estaba completamente a oscuras, y con bastante dificultad, consiguieron salir de la habitación, para encontrarse en los pasillos con las ventanas que dejaban pasar la luz lunar de los paisajes nocturnos de afuera. Ismael observó por entre una de las ventanas, y allí vio a una enorme figura recorrer los techos de la iglesia. Frank se asomó por una de las ventanas también, y viendo la figura, comprobó con recelo de quien se trataba. “Es Luciel Lumen. Es lo que me había temido.” Murmuró. Y es que, era aquel el presentimiento que había tenido desde el principio. Era casi inevitable que él apareciera, porque de todas formas, no detendría su venganza hasta que muriese.

La enorme figura de Luciel destrozaba los tejados, y los hacía ceder. Un pedazo de la techumbre se derrumbó cayendo sobre los suelos de la iglesia. Lisa por tan sólo unos segundos, alcanzó a ser salvada del desmoronamiento, por Ismael quien raudo la alcanzó para moverla del lugar. Luego, con su mirada le expresó su agradecimiento. Ismael la dejó lejos de los escombros, y miró hacia los tejados. Frank le decía a Rebeca que aguardara por él, y por una ventana abierta, comenzaba a escalar dificultosamente por los muros y los marcos, ascendiendo hacia la techumbre para encontrarse con Luciel. Estaba decidido a terminar todo. No habría otro momento. La Iglesia era el lugar que había resultado ser el destino del encuentro, y del final.

Frank a medida que ascendía observaba la silueta de Luciel. Apretando los dientes con furia, recordaba todo lo que Luciel había significado desde el paso por mundo de tinieblas. Él, había resultado ser quien había estado detrás de todo desde un principio, líder de la hermandad desde tiempos inmemorables, con cientos de años encima, pero sin perder una gota de maldad en su sangre. Los años lo habían vuelto más cruel, y cuando Frank llegó hasta los tejados, y vio su figura, sintió que estaba viendo a un auténtico demonio, un ser maligno, un verdadero vampiro de pesadilla llevando su pesada armadura oscura rodeada en cadenas, y que con sus alas destrozadas y diabólicas que surgían de él, le daban la apariencia de un ángel caído viniendo de las mismas oscuridades del mundo de los muertos.

El legado de Luciel Lumen estaba por llegar a su fin, de eso se aseguraría Frank aunque perdiese la vida. El responsable de una raza oscura de vampiros que venían trayendo el terror en el mundo de tinieblas. Frank sintió a alguien escalar tras él. Volteó, y vio a Ismael ascendiendo. Volvió la mirada hacia Luciel, y entonces lo vio venir a él, entre la estrechez del tejado, a medida que la lluvia comenzaba a caer torrencialmente, y mojaba peligrosamente la techumbre.
Un instante. Luciel estaba frente a Frank. La muerte misma estaba frente a él. Frank sintió una mano a su hombro, y cayó en infinidades de recuerdos.


-¡Frank!
-¿Si?
-Puedes bajar un momento, ¿Por favor?
-¿Qué pasa? –preguntó
-Me preguntaba si habías hecho la tarea de mañana, en la escuela…
Frank levantó la mirada. Recordó aquella vez. La primera vez en que había visto aquellos cautivadores ojos violetas. Aquellos tiempos en que la dulce brisa de la noche comenzaba a sentirse. En que vio aquella femenina silueta oscura surgir de entre las oscuridades de mundos que la mayoría de las personas no pueden percibir. La noche le había llamado. La luz de la luna. Aquel había sido el primer encuentro, y la primera señal que su corazón se encargó de seguir con anhelo hasta el último instante.

Ella sonrió.
-Eres muy despistado. Gracias de todos modos. Nos vemos…
Frank recordó entonces que desde ese momento se había sentido cautivado, y sabía que había algo especial en aquella dama nocturna. Que no la dejaría ir por nada en el mundo. Le preguntó su nombre en ese entonces, y ella respondió:
-Mi nombre es Rebeca –y fue cuando sus ojos violetas lo contemplaron fijamente. Rebeca. Jamás olvidaría aquel nombre. Ella se había ido luego, y desde ese entonces, había comenzado una cadena de eventos oscuros que lo llevarían hasta el último instante, donde todo habría de terminar algún día. La historia tendría su fin.

Luego, en las noches siguientes, había podido tener el privilegio de contemplar los hermosos cometas violetas, que lo sumirían en lugares de un mundo de tinieblas, donde a pesar de lo oscuro de su naturaleza, fueron la cúspide de los más anhelantes deseos del alma. El mundo de tinieblas, complementaba de alguna forma con él, porque de naturalezas distintas, así como él con Rebeca, había un misterio que los unía. Un silencioso deseo mutuo.

Luego, entre recuerdos que continuaban viniendo a su mente, había sentido una delicada mano posarse en su hombro. Era Rebeca, que lo alcanzaba antes de salir de la sala de clases de la Escuela de Vampiros. Luego, recordó las muchas conversas que tuvo con ella, y lo especiales que fueron. Fue avanzando en los recuerdos, hasta llegar a los más recientes y especiales. Recordó también cuando ella estuvo encadenada al pilar plateado de la Mansión Lumen. Él entonces se acercó, y en aquel instante sus sentimientos crecían, su corazón palpitaba rápido, y en aquel momento, frente a ella, aunque ella estuviera inconsciente, sabía que sus palabras las percibiría alguna vez, y le había dicho que la amaba, por primera vez. Sus lazos se volvieron más fuertes con el tiempo. Recordó todas las vivencias. El viaje había reforzado sus sentimientos, hasta el día de hoy, en que recordaba aquellos tiempos. Dentro de él, estaba feliz de lo que sentía.
Ella, era Rebeca, su compañera de la noche. Y con quien su alma compartiría por el resto las interminables caídas de la noche que habrían de venir, con la luz de luna. “

Un instante. Vuelto en sí, levantó su brazo, y observó cada uno de sus dedos. Uno de ellos tenía un anillo. Un anillo de compromiso, y de color violeta, como los ojos de su amada. Era una razón más para seguir. Cerró la mano, y la apretó con fuerza. Ahora era tiempo de darle el final a aquella noche. Miró hacia delante entonces, y volvió a la imagen de Luciel aproximándose hacia él.

Tan sólo habían pasado unos segundos, y la inmensa figura de Luciel se alzaba frente a él. En aquellos segundos, la iglesia entera centelleó con un luminoso violeta. Toda ventana se iluminó y el destello se extendió a lo lejos, sintiéndose por los techos de la iglesia. Tras aquella luminosidad, Frank vio a Rebeca estando en el tejado, y a Lisa apareciendo también. Luciel afectado por el destello del violeta de Rebeca, estaba cubierto en un cristal escarlata, que había surgido aprisionándolo, y que parecía de ninguna forma fuese a desaparecer. Pero Luciel asombró cuando estirando sus brazos cubiertos por su armadura, lo hizo trizas fácilmente, y comenzó a dejar volar por los aires las cadenas oscuras que rodeaban sus brazos, dispuesto a destrozar. La luna se alzaba en el cielo, y estaba la preocupación de que nuevamente se comenzara a oscurecer. Incluso parecía comenzar lentamente.

Frank entonces observó a una distancia de Luciel, la gran cruz que surgía de los tejados de la iglesia. Era una cruz gruesa, antigua, y que debía de pesar toneladas. Miró a Ismael, quien también se había percatado de esto, y ambos instintivamente, vieron una oportunidad. La única de aquella noche, que no podía fallar. Luciel amenazante con las cadenas, además comenzó a desenvainar su espada oscura, la última de aquellas. Y con su apariencia de un demonio salido de las oscuridades más infernales, comenzó a manipularla con habilidad impresionante, dispuesto a matar, y cortando los helados vientos nocturnos. Frank e Ismael se percataron de la oportunidad, la señal de aquella noche. Era tiempo de la última alianza, en que el humano con el vampiro colaborarían una vez más. Frank sabiendo que tenía la ayuda de Ismael, avanzó, y sin importarle nada, entre sus manos recibió uno de las cadenas para sujetarla, aunque la quemadura que sintió le llegó hasta lo más profundo de su ser. Sin perder tiempo, pasó las cadenas por las piernas de la armadura oscura de Luciel, rodeándolo, y enseguida, le indicó a Ismael con la mirada que había llegado el tiempo. Ismael recibió un extremo de la cadena oscura por parte de Frank, y la ató a la cruz, que estaba frente, y en una gran embestida, se lanzó con toda la fuerza de su cuerpo a impactarla, que con su antigüedad, ya estaba cediendo. La cruz terminó destrozándose, y partida por la mitad, y la parte más pesada cayó por los tejados hacia el duro suelo de concreto de las calles a un lado de la iglesia, destrozándolos. Luciel arrastrado por las cadenas, gritando desgarradoramente con furia, ante la impotencia que sentía al sentirse caer, se azotó contra el suelo, haciéndose pedazos la armadura. Su espada oscura cayó, y haciendo maniobras por el aire, se le fue a clavar con la punta directamente sobre el pecho. El chorro de sangre negra como su corazón hecho pedazos saltó por los aires en gran cantidad. Ismael descendió del techo rápidamente, llegó hasta donde él, y ejerció gran presión sobre el mango de la espada, clavándola aún más en la herida y rematándolo con gran odio, y Luciel murió.

Lisa había descendido de los techos de la iglesia, y había tenido un ataque de pánico. Había salido corriendo de los lugares, entre llantos. Frank corriendo, se dirigió hacia Rebeca entonces, la tomó entre sus brazos, y de un salto bajo techo en techo, hasta llegar a las calles. La soltó, y la besó apasionadamente, sosteniendo una de las manos de ella, haciendo que ambos anillos entre sus dedos se tocasen. Continuó besándola y la llevó entre sus brazos. Se despidió a lo lejos de Ismael, y junto con Rebeca recorrió las calles cubiertas en oscuridad. Aquella noche había terminado.

Tras terminar de recordar, Frank les dijo:
-Se los digo. Cada día es un sueño.
-Muchas gracias por compartir la historia Frank –le dijo Faith-. Me alegro haber sido parte de ella también. Ha sido sin duda, una época que quedará en nuestros corazones. Todos nos quedamos con algo en nuestras almas, que siempre tendremos y recordaremos.
-Así es –respondió Frank.
-Amigo. Te deseo lo mejor. Te lo mereces. Aunque creo que piensas que ya tienes todo lo que te hace feliz –le dijo Ignacio. Frank mirando hacia el horizonte naranja, sonrió ante aquellas palabras. Su sonrisa le dejaba claro a Ignacio que así era. Pero Frank aún así agregó:
-Sí. Tengo lo que más me hace feliz en el mundo ¿Verdad, Rebeca?
Y unos ojos violetas relucieron tras él. Y viendo aquella imagen del ocaso, sintió una felicidad inmensa en su corazón, que le quemaba como una gran llama. Pero era un dulce quemar. Rebeca estaba a su lado, y se tomaron de las manos. Y así sería siempre.
“Frank, gracias por haberme escogido. Y yo haberte escogido a ti. “
Sólo ellos dos podían comprender que felices se sentían, y a la caída de la noche, ambos volverían a vivir su especial romance, una y otra vez.

FIN.